Tareas funcionales….

El otro día planteé a un paciente una actividad diferente para él. No nos conocemos desde hace mucho pero ya confía en mi.

Nos conocimos gracias a su neuróloga. Dicha facultativa le había recomendado que lo mejor para su demencia era que visitara a un logopeda para que este le mandase fichas de ejercicio como en la escuela para frenar su déficit. Mi paciente que es muy disciplinado, a pesar de no gustarle la idea, decidió hacer caso a su médico y se puso en contacto conmigo.

Llamadme imprudente pero nada más remitirme los motivos de la consulta y el tratamiento no farmacológico que le habían remitido propuse a mi paciente saltarnos “a la torera” las indicaciones y empezar a realizar otro tipo de tareas.

A parte de un déficit semántico severo y otros muchos problemas, contaba con una elevada verborrea. No se paraba a pensar un segundo en los componentes verbales que producía. Se le veía nervioso. Me propuse intentar tranquilizarle y regalarle unas horas de pensamiento.

Es importante aclarar que mi paciente contaba con una buena base cognitiva y se encontraba en un estadio en el que cual, a pesar de padecer una alteración del lenguaje, aún se podía hacer uso del mismo para ofrecerle tareas.

Esa tarde aparecí en su casa con una esterilla de esas que se usan en pilates y le pedí que se tumbara. Al lado suyo me tumbé yo.

A pesar de comenzar un trabajando donde yo le pedía tareas basadas en movimientos corporales sencillos (movilizar extremidades, contactar unas partes del cuerpo con otras,…), lo bonito de todo era que el fin último de la tarea no nos importaba mucho y sí le dábamos importancia a cómo habíamos desarrollado la tarea y que estrategias habíamos llevado a cabo para conseguir un movimiento más ecológicos. Durante todo ese tiempo mi paciente fue capaz de controlar la verborrea y pararse a pensar en lo que hacía. Por un momento, fue dueño y señor de su cuerpo. Había sido capaz de concentrarse en un tarea con un componente verbal y realizar una escucha activa eficaz. La finalidad, ser conscientes de nuestras conductas. Eso se consigue tomando el control de toda la tarea desde el inicio hasta el fin de la misma y haciendo que el paciente sea el miembro activo y a través de su cognición sea capaz de modificarla (usando elementos d ella cognición que se encuentren conservados, claro está). Ello es lo contrario de lo que me pedía su neuróloga en su deseo de asfixiar de tareas con un componente escrito donde apenas iba a trabajar el lenguaje y donde tan solo se vería reflejado el final de la tarea perdiéndose todo el componente cognitivo que la rodeaba por el camino.

Una vez concluimos estas ejercitaciones nos incorporamos. Me sorprendió la cara de mi paciente. Se había transformado. El semblante serio que me había recibido se había convertido en una facies simpática adornada con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentía bien de haber tomado el control al haber sentido su cognición expresada en sencillos movimientos.

Le propuse, después, sentarnos en la silla para realizar tareas de tipo manipulativo con objetos reales que había traído en una bolsa. Nos íbamos a dedicar a clasificar esos objetos por categorías y a relacionarlos entre si según su función u otras variables que fueran surgiendo. Lo que surgió fue una conversación lo más bella donde mi paciente iba razonando la estrategias que tomaba para clasificar elementos así como para nominarlos. Se centraba mejor en la tarea, era participe de pequeños problemas para recuperar las palabras y, centrarse más en el proceso de la tarea y no en llevarla a cabo, le permitió generalizar alguna estrategia. Intenté no proponer tareas donde solo tenía que ejecutar lo que yo le ordenaba, sino que intentaba introducir cierto razonamiento durante la tarea a fin de controlar aspectos de la cognición conservados (había ciertos componentes mnésicos y de razonamiento que estaban conservados y que le ayudaban al acceso al léxico pero no siempre se beneficiaba de ello).

Yo era una guía que ofrecía ayuda verbal sencilla y le centraba en el proceso inmediato. No quería que nominase una lista de objetos lo más rápido posible cual papagayo, lo que quería era que fuera participe de como nominaba un objeto, porque había usado una palabra y no otra y que, por si solo, fuera implementando los pequeños trucos ibamos descubriendo en las sucesivas tareas.

Se sintió bien, se sintió útil. Su esposa también, la cual presenció los ejercicios y le sirvieron para sentir lo que su marido sentía en sus errores nominativos. Este hecho le permitió conocer qué ayudas le servirían a su marido y cuales no. Esas estrategias derivadas de componente cognitivos conservados se podrían poner en práctica en casa de forma más ecológica.

Cuando salí de aquella casa me gustaba aún más mi profesión. Poder planificar tareas donde lo que nos interesa es la carga cognitiva que conlleva y poder hacer participé de ello al paciente así como ir descubriendo estrategias que mejoren su rendimiento es maravilloso.

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