Los 365 Días del Daño Cerebral….

En el años 2007 se acordó, tras un Consejo de Ministros, instaurar el 26 de octubre como el Día del Daño Cerebral.

Para muchas personas, el Día del Daño Cerebral son todos los días. Es su Día cuando consiguen vencer sus miedos y salir a la calle a lograr su propia independencia. Es su Día cuando llegan a entender sus déficit. Es su Día cuando se permiten utilizar sus puntos fuertes para seguir avanzando. Es día cuando deciden cuando enseñarle a la sociedad que la diversidad funcional existe y que, entre todos, podríamos hacer más fácil y llevadero el mundo.

Como terapeuta de daño cerebral, ese día pienso implorar a la sociedad que nadie se olvide de toda la gente que tiene este tipo de problemas y que se sigan promulgando leyes que favorezcan una mayor calidad de sus vidas. Como terapeuta de daño cerebral seguiré luchando todos los días para ofrecer las herramientas necesarias, desde mi humilde actuación, para que la diversidad funcional exista. Seguiré abogando por la recuperación, por parte del paciente, de un rol social y familiar.

Desde hace varios años hemos avanzado mucho en neurorehabilitación. Hoy en día existen equipos más formados y concienciados con esta problemática y el porcentaje de pacientes rehabilitados es muy superior. También la sociedad está algo más concienciada y, en determinados momentos, hemos disminuido “algo” el ritmo frenético del mundo para permitir que más gente se suba a ese tren. Me molesta la parte en la que aún existen muchas personas que han decidido hacer un negocio promulgando en sus centro la especialidad en neurorehabilitación y el domingo ni siquiera dedicarán un segundo de sus pensamientos a este problema tan relevante en la sociedad. Se que todo cambiará a medida que la sociedad esté más informada. En todo siempre hay que educar.

Pero hay que seguir…. Hay que seguir luchando para que todos tengamos derecho a una rehabilitación adecuada, a unas ayudas económicas dignas y unas ayudas de tipo sociofamiliar que permitan que tanto el paciente como su entorno y cuidador principal puedan mantener unos niveles de calidad y cantidad de vida adecuados.

Entre todos nos vamos acercando a un mundo más sencillo. Todos juntos lo podemos lograr.

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El terapeuta ocupacional….

No me siento capacitado para dar una definición de “diccionario” de las palabras Terapia Ocupacional. Considero que para ello contamos con un montón de manuales técnicos que serán capaces de esbozar los conceptos técnicos de esta profesión. Desde luego, con el paso de los años, he ido implementando en mí el concepto real de esta profesión y me he ido elaborando mi propia concepción del terapeuta que estará más o menos acertada pero remarca un sentimiento de agradecimiento. En este breve escrito me gustaria explicar lo que es para mi este profesional.

Cuando empecé a trabajar en daño cerebral apenas conocía esta figura. Se podría decir que ni siquiera me llamó la atención. Claramente el porqué de todo ello era mi profundo desconocimiento a la hora de hacer práctico un tratamiento en daño cerebral. Cual robot mecánico me embarcaba en tratamientos rígidos que pretendían abordar a un trozo de paciente previamente segmentado como una tarta en previas reuniones de terapeutas especializados. La ignorancia es júbilo y con el paso del tiempo me fui motivando en cada caso que tenía e interesándome por el trabajo global que con ellos se realizaba.

A día de hoy, no soy capaz de imaginarme un equipo de intervención donde no haya un terapeuta ocupacional. Esta figura fundamental es capaz de orientar los objetivos de tratamiento de cada uno de los miembros del equipo y darle sentido.

Para mi, el terapeuta ocupacional ha sido esa persona que siempre me ha enfocado el tratamiento hacia la funcionalidad. Aquel que ha abogado por incrementar el nivel de participación del paciente en su vida diaria. Puede parecer exagerado esto que cuento pero para una persona que ha sufrido daño cerebral y se debe volver a enfrentar a la vida con déficit que ni él mismo comprende que exista una figura que le de herramientas que aumenten su nivel de participación me parece que no tiene precio.

A todos los terapeutas ocupacionales que han pasado por mi vida tengo que agradecerles todo lo que me han enseñado en el control postural de la persona, lo que ha permitido que mantenga unos niveles atencionales óptimos durante mis tratamientos, las pautas en el manejo del paciente para poder lograr reacciones asociadas que han facilitado la generalización de aspectos que he ido trabajando en mis sesiones, los consejos ofrecidos para una correcta instauración de sistemas de comunicación, y un largo etcétera de cosas. Se podrían citar miles de aspectos más donde el terapeuta ocupacional es capaz de echarte una mano y guiarte con la mayor profesionalidad.

Un profesión maravillosa que te permite crear miles de soluciones a los problemas existentes. Una profesión de la que todos nos beneficiamos en general.

Como diría mi abuela, un terapeuta “vale igual para un roto que para un descosido” y es capaz de darle sentido al tratamiento, siempre desde un punto de vista científico y especializado. Terapeutas ocupacionales del mundo no perdáis vuestra esencia porque miles de pacientes os esperan ansiosos.

Gracias por regalarnos un poquito de cordura,

Los superheroes…

“¿Qué es lo que te gustaría conseguir?”. De este modo decidí comenzar mi primer contacto con aquel niño. Yo para él era un completo desconocido ya que había aparecido de pronto en su habitual lugar de terapias y eso suponía para él una novedad. Desde el primer momento le quería dejar claro que mi intención era ayudarle y acompañarle en el desarrollo.

Me miró durante un rato con una sonrisa y consiguió expresar una ternura infinita que no se podría haber explicado con palabras. Palabras que suponían una dificultad enorme para él.

Sin ton ni son, decidió coger un folio en blanco de la mesa y empezó a construir un dibujo. Lo que hizo después fue añadir la imagen de un superheroe, con capa y todo, con una postura firme y segura frente a un edificio en llamas. En frente del edifico aparecía un señor malvado que no le dejaba acceder al edificio pero la seguridad que transmitía aquel superherore dejaba entrever que iba a tener ningún problema para acceder. Incluso, me atreví a sonsacar un sentimiento de miedo de la postura que mantenia el malvado señor.

Aquel niño quería ser un superherore. Pero un superherore de verdad. Lo que no sabía y descubriría con el paso del tiempo es que ya lo era.

Aquel niño era capaz de enfrentarse cada día a sus miedos y a sus dificultades y tenía el superpoder de buscar alternativas y mantenerse alegre caminando tranquilo en las actividades de su vida diaria. Tenía la posibilidad de transmitir comunicación a través de vías alternativas. Sin saberlo, todos los días derrotaba a algún malvado sentimiento y seguía adelante airoso superando nuevos retos.

El objetivo con él estaba claro. Ese niño tenía que saber que ya era un superherore y tenía que conocerse a si mismo para usar todos esos superpoderes de la manera más funcional posible.

Creo que el mundo está lleno de superherores que no saben que lo son y nuestro trabajo es enseñarles a usar sus superpoderes de la mejor manera para que la alegría y la diversidad triunfe sobre la tristeza y la dependencia.