El trabajo en contexto….

Os voy a presentar mi modelo de trabajo. No es mejor ni peor que otros modelos. Mi forma de trabajar no es para nada revolucionaria. Mi modo de trabajo ha ido tomando forma a lo largo de mi vida profesional y es en el que he descubierto que me siento más cómodo. Si os lo cuento simplemente es porque me siento orgulloso de mi trabajo y cada mañana me levanto con más ganas de llevarlo a cabo porque tiene mucho sentido (por mi trabajo me refiero a la Logopedia así que me consta que este mismo sentimiento con el que me levanto también lo disfrutan todos mis compañeros de profesión).

Me dedico a trabajar directamente en el contexto. Eso es, en contexto. Mucha gente pensará que es otra forma de denominar al trabajo en domicilio, pero para mi no lo es. Considero que es una manera de denominar a lo que me dedico.

Me explico.

Cuando comencé a trabajar con pacientes en sus domicilios descubrí todo un potencial para mi terapia. Ya no solo se trataba del hecho de poder intervenir en sus casas y poder realizar un trabajo en el que se implicara más la familia y cuidadores y favorecer aprendizajes adecuados. Empecé a ver que la cosa llegaba más lejos. Mis pacientes me estaban permitiendo entrar en sus mundos. Esos mundos estaban llenos de material verbal y no verbal personalizado que debía utilizar para mejorar su función. Era como entrar en una tienda de material personalizado de tu paciente donde se encuentran los objetos que jamás hayas imaginado para trabajar.

El trabajo en contexto con una persona viene referido a trabajar en ese mundo. El trabajo en contexto no implica trabajar durante un tiempo establecido con el paciente en una de las dependencias de su casa. El trabajo en contexto te permite intervenir donde de verdad surgen los problemas y poder planificarte tareas en el momento y lugar del mundo del paciente donde están surgiendo los problemas. Consiste en localizar todo ese material de trabajo que rodea a la persona en su día a día y darle un uso funcional.

Como ejemplo de este trabajo podría hacer referencia a muchas de las historias que he contado en este blog.

Recuerdo el caso de mi paciente con demencia semántica que tenía problemas en el acceso al léxico de las plantas y trabajamos durante días en decorar con carteles todas las plantas de su jardín. Estoy seguro que haber planteado tareas con imágenes de plantas no hubieran dado los mismo resultados (seis meses después de tratamiento hasta su neuróloga se sorprendió de las mejoras en tareas de fluidez verbal).

El haber planteado trabajar en el supermercado tareas de acceso al léxico con uno de mis pacientes le hizo aumentar su funcionalidad y recuperar su rol familiar al seguir siendo capaz de hacer la tarea de hacer la compra como siempre habría hecho.

Poder intervenir directamente en el momento de la comida con uno de mis superheroes me permitió modificar ciertos hábitos y el material de los utensilios con los que comía para poder lograr una mejor conexión entre él y su cuidador.

El contexto favorece aprendizajes adecuados. Trabajar con el contexto que envuelve a la persona permite incrementar su funcionalidad. Esto no lo he leído en ningún manual de neurología, este concepto me lo han ido transmitiendo pacientes y cuidadores que, sin duda, son los mejores maestros con los que cuento a mi alrededor.

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La comunicación….

Siempre que empiezo un tratamiento organizo una reunión donde nos juntamos mi paciente, su entorno directo y yo. El motivo de esa reunión no es otro que sentar las bases de lo que será el tratamiento desde ese momento. Opino que los miembros activos del tratamiento somos todos y como participantes en este proceso, todo el mundo tiene que tener voz en la planificación de dicho tratamiento.

En estas reuniones siempre surgen aspectos muy importantes que guían todo lo observado en el proceso de valoración que he realizado. Todo hemos valorado al paciente, su entorno y yo. Y más que ninguno, se ha valorado el mismo en muchos casos. Pues en ese momento donde cada uno da su visión del problema y, lo más importante, es el momento donde se aprecian los aspectos positivos y puntos fuertes del paciente.

La última reunión que he tenido fue en casa de uno de mis superheroes. Nos reunimos para planificar el abordaje que se iba a realizar. En esta ocasión creo que el objetivo fundamental no lo puse yo, de hecho, apenas me hizo falta hablar o exponer lo que yo había visto. En esta ocasión fue la madre quien puso la primera guía del mapa del tratamiento haciendo una petición certera. “Quiero poder comunicarme con mi hija”. Estaba más claro. Me parecía un objetivo lógico a la vez que asumible.

Acto seguido nos pusimos a desgranar ese objetivo en pequeñas tareas que nos ayudaran a llegar a él. Fue en ese momento cuando comprobamos que cada uno de los miembros de esa reunión teníamos una visión diferente de lo que es comunicación. Decidí entonces proponer un concepto nuevo de comunicación. Fuera del entendido como lenguaje hablado o manipulado a través de un sistema de imágenes o signos. Propuse un sistema de comunicación basado en la escucha activa del otro. Un sistema que se basase en intentar entender el porqué de las conductas de su hija e intentar buscarle explicación desde su perspectiva y no desde la nuestra. Un sistema basado en la paciencia y la observación. Puesto que en ese momento la principal ocupación de un niño es el juego, decidimos usar el propio juego como vía de comunicación.

Las sesiones de tratamiento se basaron en el juego. Un juego marcado por esa niña de coletitas que volaban al viento en cada movimiento. Un juego en el que la niña era libre para transmitir a través de sus movimientos y de la interacción con el medio lo que ella quería. Un juego en el que poco a poco se nos iba permitiendo participar. Su déficit de sensibilidad le hacía tener preferencia por juegos de movimientos exagerados en los que los brazos y las piernas buscaban información sensorial. Ella te iba permitiendo poco a poco, dar algún sentido a sus conductas y te iba permitiendo participar.

A través del juego ella te iba a buscando. A través del juego ella se iba posicionando como miembro activo y se establecían turnos de actuación. Fue comunicación y fue precioso.

Poco a poco, su madre se iba acostumbrando a su juego y la niña le iba permitiendo cruzar algunas barreras.

Una cosa es cierta, aún faltaban millones de conductas extrañas (para nosotros) a las que darles un sentido pero el simple hecho de que ese niña me hubiera aceptado en su juego y hubiera sostenido su mirada unos segundos a espera de mi siguiente movimiento me pareció una de las sensaciones más agradables.