Una punta de lanza…..

Los logopedas de Madrid comenzamos el lunes sobresaltados. Ese día el BOCM (el BOE de la Comunidad de Madrid) publicaba unas pruebas selectivas para el acceso de un número determinado de logopedas a plazas fijas en el servicio de salud madrileño.

El revuelo se armó. La gente sintió ese hormigueo por la tripa y esa sensación de “lo hemos logrado”, pensando que el logopeda, que tantos años ha ayudado a la gente ha ganar voz, comenzaba a tener voz propia dentro del servicio y nuestra posición mejoraba algo para poder llegar más a la gente. Pongamos que supusieron unas horas de esperanza.

Por falta de tiempo no pude echar un vistazo a fondo a tal documento. Fue hoy cuando pude hacerlo incitado por la conversación mantenida con una de mis logopedas preferidas y de referencia (en realidad tengo dos, ellas la saben así que no tendrán problema en identificarse). Entonces decidí decorar mi blog con esta entrada.

Me gustaría dejar claros dos aspectos: las partes del documento en cuestión que me indignan, por un lado, y los pensamientos que me suscitan su lectura, por otro.

Dos aspectos son los que no me gustan del documento. Uno. En el apartado c de los requisitos de los aspirantes se especifica que los aspirantes deben tener en posesión el título de Grado. Esto creo que debería ser una errata ya que entonces están sacando de esta convocatoria a miles de diplomados en Logopedia que llevamos ejerciendo en este país. Me parece totalmente injusto y desmedido ya que en otras especialidades se especifica “grado o titulación equivalente”. Ni siquiera han abierto un plazo de convalidación de títulos como se ha hecho en otras ocasiones. Dos. Una vez que te pones a mirar el temario del supuesto examen notas como tu cuerpo viaja hacia el siglo pasado y tienes oportunidad de ver planes de estudios obsoletos. Por favor. Por un lado exigen la modernidad del titulo de grado y, por otro, no se preocupan de elaborar un temario totalmente actualizado y acorde con las necesidades de un servicio de salud como es el de Madrid. Me parece totalmente vergonzoso. En dicho temario no existe la palabra disfagia ni aparecen temas específicos de motricidad orofacial (que más dará qué diferencia hay entre un ejercicios isométrico y otro isotónico al planificar una intervención, dirán). Han de saber las personas encargadas de elaborar tal desfasado temario que en los últimos años han habido personas en nuestro país que se han preocupado de procurar formación en temas de motricidad orofacial para que los logopedas podamos abordarlos con la mayor profesionalidad y rigor científico. Considero que en el ámbito de la salud no exigir a los logopedas que tengan una mínima formación en disfagias puede ofrecer un servicio bastante pésimo. Me parecen temas que están a la orden del día en esos ámbitos y, por ello, creo que ese temario debería ser revisado, al menos.

Qué me suscita este documento. Pues considero que aún queda por hacer mucha pedagogía de la sociedad. Como usuarios de un servicio de salud tenemos la obligación de exigir un servicio digno y de calidad donde los logopedas que nos traten estén formados adecuadamente. Pero, sobre todo, dicho servicio de salud tiene que tener un conocimiento certero de las funciones de los profesionales que contrata. La ciencia ha avanzado hasta punto de poder contar con logopedas que, a día de hoy, son capaces de abordar infinidad de patologías de manera muy resolutiva, pero dudo que eso sirva para algo si desde el servicio de salud se nos ningunea y no se nos da las herramientas necesarias para demostrar a la sociedad que existen muchos problemas que tienen solución. Nos queda mucho por luchar.

Fijaos que en este mes he tenido la suerte de formarme en disfagias neonatales e infantiles con una profesional de primera y he aprendido un montón de técnicas para resolver problemas que ha día de hoy la sociedad no sabe que se pueden abordar. Sucesos como este no permiten que se promocione el conocimiento y que nuestra profesión avance.

Os animo a crear un frente común, a buscar una punta de lanza para nuestra protesta, a luchar para lograr que la sociedad nos conozca y sepa a que nos dedicamos realmente y conseguir que gerentes, coordinadores y demás cargos sepan para que sirven esos profesionales llamados logopedas.

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La vida es teatro….

El tratamiento en el entorno natural del paciente es una de las experiencias terapéuticas más bonitas. Te conecta especialmente con la persona que tienes delante y te permite entender sus dificultades de otro modo. Puedes vivenciar con la persona problemas reales en su día a día que, por desgracia, muchas veces nos perdemos cuando realizamos la terapia en un entorno controlado.

En post posteriores explicaré de manera pormenorizada la estructura de trabajo de mis intervenciones por si son útiles para alguien (al menos para mi esa estructura de trabajo si lo es). En el día de hoy me motiva contar un trabajo que comencé a realizar hace poco y del que disfruto en cada sesión de trabajo que me planifico. No lo escribo porque sea la única persona que lo haga, sino para trasmitir mi satisfacción al llevar a cabo estos trabajos.

Todo empezó hace unos meses. En una de las sesiones de trabajo con un familiar surgió como debate que veía mucho mejor al paciente en su casa pero que éste aún no era capaz de enfrentarse a situaciones comunicativas fuera de su casa. En este caso la demanda del entorno era enfocar el tratamiento a realizar tareas fuera de casa para favorecer la independencia. Me encanta que los objetivos del tratamiento vaya cambiando por iniciativas de este tipo por parte del paciente, su entorno o ambos.

El paciente estaba de acuerdo en subir este escalón pero me transmitió cierto miedo a salir de su entorno habitual. Lógico. Había que proponer una solución que hiciera de puente.

Fue ahí cuando surgió la idea de hacer uso del teatro como recurso terapeutico que nos encaminara a lograr este nuevo objetivo que se brindaba. Y nos pusimos manos a la obra. Aquí me gustaría añadir que se de sobra que se podrían haber utilizado cualquier otro recurso para conseguir este objetivo, pero seguro que alguien entiende que hay recursos que están hechos para personas en particular y esas personas te permiten que se desarrollen solos y no necesitan nada más. Pues eso.

Como dos novatos que eramos en este tipo de técnicas nos pusimos manos a la obra. Ambientar el entorno para simular una tienda de pan o una ferretería fue divertido. Mi paciente tenía una gran sala llena de herramientas. Me encantó simular averías del coche, visitas de un fontanero, hacer de vendedor de pan y todo lo que pasó por mi mente. El teatro nos permitía crear infinidad de situaciones que, además, previamente preparábamos de la manera más astuta para salir airosos del problema. ¿Y no es eso la vida muchas veces?. Usé el teatro para agarrarnos más a la vida. Mi paciente retomó la máxima de que “la vida es teatro” y fue perdiendo el miedo a volver a buscar situaciones nuevas fuera de su entorno.

Edificar pequeños teatros en nuestras terapias que simulen situaciones de la vida real para mejorar las competencias linguísticas de las personas con las que trabajamos me ha permitido enamorarme aún más de mi profesión.

Nunca debemos usar una misma técnica para todos nuestros pacientes como si fuera un dogma, pero, desde luego, con un solo un paciente en el que sean efectivas alguna de nuestras técnicas ya habrá valido la pena poner en marcha nuestro intelecto para llevarlas a cabo.