Trabajo en entorno natural…

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Tipos de trabajo y tipos de terapia hay tanto como personas que los deciden poner en práctica. Otra cosa son los Conceptos o Marcos Teóricos en los que los enmarquemos.

Me apetece describir un poco el trabajo que yo llevo a cabo. Mi trabajo (uno de ellos) se desarrolla en el entorno natural de la persona. ¿Soy el único?. No, pero yo lo vivo a mi manera y para mi es especial.

El motivo que me llevó a desarrollar el trabajo con personas que padecen afasia en su entorno natural fue que mi experiencia me iba indicando que el trabajo dentro de un despacho se quedaba corto. Las tareas de índole cognitivo que proponía a mis pacientes estaban bien estructuradas pero algo hacía que hubieran problemas para generalizar todo eso en su entorno. Desde luego, mi forma de trabajar no pegaba con esa metodología. No quiero decir que el trabajo en despacho no funcione. De hecho, soy el primero que defiendo que el logopeda (o cualquier terapeuta) necesita tener su entorno para poder valorar y diseñar tareas de forma controlada. Yo también dispongo de él pero mi forma de ver la terapia y de desarrollarme en ella me exigía un campo más abierto de intervención que implicara más posibilidades de movimiento.

Ahí empezó mi idea de desarrollar mi propio proyecto de trabajo con afasias en su entorno natural.

En el entorno de la persona trabajo con su lenguaje de forma más directa. Las tareas de acceso a la palabra las diseño con sus objetos reales, objetos a los que se enfrenta cada día. Las tareas de léxico de acción las desarrollo creando movimiento en su espacio.  Las tareas de conversación las encuentro todos los días nada más irrumpir en su entorno. la iniciativa comunicativa sale a mi encuentro de manera más veloz.

Imagina que cuentas como herramienta en tus terapias con un Lecto-Foto personalizado, inacabable y perfectamente categorizado de cada persona. La persona viaja con su material linguístico constantemente. Lo tenemos muy a mano.

Es importante dejar claro lo que yo entiendo por entorno. Para mi, el entorno no es solamente el domicilio. Cuando empecé con este tema me dediqué a teorizar mi propuesta (cuento con mi .pdf que envié a varios profesionales para contar con su opinión). En esa propuesta distinguí diferentes entornos. Por un lado, el Entorno Primario (lugar donde el sujeto o paciente desarrollaba su vida la mayor parte del tiempo, que en la mayoría de los casos era su casa), por otro el Entorno Primario Paralelo ( me refería a todos aquellos entorno que eran muy importantes para el paciente, a parte de su casa, y que suponían cierta motivación, como la casa de sus hijos, su trabajo,…). Luego, denominé los Entornos Secundarios ( aquellos lugares donde el sujeto o paciente se movía con menor frecuencia pero que también eran susceptibles de que se planteasen situaciones comunicativas en ellos). Por último, indiqué los Entornos Desconocidos (lugares donde el sujeto o paciente nunca había estado pero a los que se tendría que enfrentar en algún momento, tales como oficinas de la seguridad social, empleo, viajes,…). En la anamnesis me intento hacer un mapa de entornos y sitúo al paciente en el entorno indicado y donde debe comenzarse el trabajo. Esos son todos mis entornos. Todos los lugares donde puedo llevar a cabo mi tarea de intervención. Está claro que fuera del domicilio tenemos mucho que hacer y muchos lugares a donde ir, siempre que se busque un objetivo funcional en consenso con la triada formada entre el paciente, sus familiares y nosotros.

Trabajar en el entorno te permite trabajar el lenguaje en un supermercado, la conversación en una cafetería o en un paseo por la ciudad o el campo, la iniciativa a través de una llamada de teléfono o el uso de las redes sociales e, incluso, crear situaciones ficticias haciendo uso del teatro en nuestra propia casa para perder el miedo a enfrentarnos al exterior y, así, poder salir y gritar a los cuatros vientos que deseamos comunicarnos allí donde siempre hemos vivido.

El Día Nacional del Daño Cerebral…

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Hoy es el Día Nacional del Daño Cerebral.

En este día, aprovechamos para recordar a la sociedad que existe un alto porcentaje de la población afectados de DCA. A ese alto porcentaje de afectados hemos de sumar sus familiares, personas que sufren en sus carnes los déficit como si fueran suyos. Otro sumando más de la ecuación serían los cuidadores que dedican su vida a facilitar las cosas a las personas que sufren DCA.

Considero, por tanto, que se trata de demasiada gente. Demasiada gente para que solo se les dedique un día. Demasiada gente a la que a lo largo de este año no siempre se le han facilitado las cosas. Pero, también, demasiada gente que es capaz de sacar una sonrisa en los peores momentos.

En este año, desde el último día del daño cerebral, se han sucedido un montón de días más donde he vivido el DCA con las personas que lo padecen. a lo largo de ese día hemos echado de menos varias cosas, que cito a continuación.

Hemos echado de menos políticas realistas que aboguen por una diversidad funcional y que permitan al afectado de DCA retomar aspectos laborales en su vida con las ayudas pertinentes, así como ayudas para entablar un ocio y tiempo libre acorde a sus necesidades como recurso público de libre acceso a todo el mundo.

Nos hubiera gustado contar con más información desde los hospitales acerca de los recursos reales con los que puede contar una persona una vez ha sufrido un DCA (en este aspecto generalizo, ya que se que hay hospitales que están haciendo muy bien los deberes pero aún quedan muchos donde las cosas son altamente memorables).

Nos hubiera encantado haber contado con un mayor número de recursos en materia de rehabilitación en materia pública para que más personas puedan recibir una rehabilitación, valga la redundancia, de libre acceso y gratuita. Existen recursos masificados y gente a la que no llegan las ayudas.

Sería un sueño que se dejara de hablar pacientes “crónicos” y se siguiera alentando a la gente para que busque objetivos funcionales independientemente del tiempo de su lesión.

Eso sí. En todo este año me he maravillado al ver cómo compañeros de profesión han descubierto nuevos métodos de tratamiento y enfoques de abordaje a la persona con DCA, se han editado nuevas y grandes guías, han aparecidos nuevos libros, se han multiplicado las ofertas formativas y las redes sociales no han hecho más que mostrar nuevas ideas que han llegado desde cualquier despacho del país a todas partes. He vivenciado con gran alegría como infinidad de familiares se han enfrentado al DCA de la manera más creativa y me han enseñado grandes valores. He convivido con cuidadores que me han hecho ver nuevas perspectivas de comunicación con mis pacientes. Un año donde no hemos dejado de aprender. No somos los mismos ni sabemos lo mismo, sin duda.

El daño cerebral no es solo un día. El daño cerebral es toda una vida, una vida que ha sido salvada y que merece ser vivida.

La habitación vacía…..

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Nunca sabes cuál es el día más idóneo para aprender algo nuevo. Esta mañana tuve la suerte de guardarme un nuevo aprendizaje en mi maletín de herramientas.

Uno de mis pacientes (lo llamaremos J) nos regaló un razonamiento digno de contar.

He de decir que en toda mi vida profesional he asistido a infinidad de cursos teóricos sobre diversos tema de Neurología. En todos y cada uno de ellos he aprendido un montón (lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer) pero, desde luego, cada día con mis pacientes me suponen un nuevo aprendizaje donde me ofrecen enormes lecciones que  ya quisieran muchos cursos teórico-prácticos poseer.

Realizábamos una tarea preciosa en la que creábamos situaciones comunicativas cercanas a la realidad restringiendo el vocabulario a utilizar para favorecer el uso de las palabras previamente trabajadas. Lo bueno que tienen estas tareas, a parte de otras muchas cosas, es que favorecen la iniciativa comunicativa y el paciente, como buen guía de su tratamiento, aprovecha ciertos momentos para comentar contigo en que aspectos tiene más dificultades o cuáles son sus motivaciones de la manera que puede. En este caso así fue. J intentaba hacernos entender los problemas para recuperar las palabras que padecía durante la conversación. Fue en ese momento cuando me dijo lo siguiente:

Mira….mi cabeza es como una tienda….una ferretería, por ejemplo…tu entras en la tienda y está vacía…no hay nada…no ves nada por ninguna parte…lo busco y…nada….si me concentro y busco donde creo que están las cosas…pum…aparece…peor, ufff,,,cuesta, no veas…no consigo que la tienda se llene pero van apareciendo cosas…mi tienda aún está muy vacía…me gustaría ver la tienda llena algún día…pues fijate que en mi cabeza hay un montón de tiendas…hay que llenarlas, todas….ufff….

Nos encantó el razonamiento. J nos explicaba sus problemas para recuperar las palabras de la manera más sencilla y explicativa. Creo que en ese comentario no solo estaban claros sus problemas sino también su búsqueda de estrategias e infinidad de aspectos que los test te lo explican de otra manera.

El objetivo estaba claro. Había que ayudar a J a buscar estrategias para llenar todas las tiendas de su cabeza, para que fuera capaz de localizar los objetos cuando el quisiera. Tiene claro el problema, hay que escucharle y buscar que objetos le suponen mayor motivación para ir rellenando las tiendas de ese enorme centro comercial que es su cabeza. Me siento muy afortunado de ser el reponedor de ese enorme centro comercial que abre sus puerta cada mañana.

Me encanta J….

El cerebro y el ratón…

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Normalmente, al cabo del día suelo leer varios artículos científicos escritos por personas que se dedican a investigar en el mundo de la neurociencia. Me encanta. Disfruto leyéndolos al máximo. Pero siempre hecho de menos esa visión objetiva de cómo suceden las cosas por dentro y cómo las vive la persona que las sufre. Hemos avanzado lo suficiente para poder cuantificar conductas y entender el comportamiento humano cuando suceden problemas pero aún falta la herramienta o máquina que nos permita meternos dentro de la persona y saber cómo funciona su cerebro. Partiendo de la base de que cada cerebro es único y que cada persona necesita su propia intervención. Ésto sería un avance sin precedentes en la historia.

Pues bien. Hoy uno de mis pacientes decidió regalarme el mejor artículo científico que jamás he leído. Me permitió hacer uso de esa máquina que describía antes y pude meterme dentro de su cerebro y sentir junto a él su visión de la patología neurológica.

No diré su nombre, no solo por la Ley de Protección de Datos, sino porque su historia no es solo suya sino de todos.

Os cuento. Este señor, un genio, tiene la siguiente teoría o forma de explicarme lo que le pasa. Él compara su cerebro con un ratón del ordenador. Ambos con dos partes, esas dos partes cada una con su función. Os transcribo de manera literal sus palabras: “El cerebro tiene dos partes iguales. Y en mi caso hay una que no funciona. Es como si en un ratón dejase de funcionar el botón secundario. Pero no ha dejado de funcionar del todo. Recepciona algo de señal. Yo en mi cerebro noto que la señal también llega intermitente, como en ese ratón que está escacharrado. Ahora, que he estado un tiempo trabajando esa parte que esta estropeada, noto como cuando si hace contacto funciona mucho mejor y eso me da una gran satisfacción”

Ni el mejor científico me había explicado jamás las implicaciones de un fallo en la función cerebral.

Este señor me estaba relacionando su fallo en el cerebro con el fallo en un aparato eléctrico para que pudiera entender el porqué de los días buenos y los días malos y el sentido de la terapia.

Si, además, añadimos que el paciente en cuestión padece una afasia de tipo expresivo y que todo el trabajo realizado en este tiempo ha valido para que sea capaz de, no solo desarrollar su propia visión de las cosas, sino también para explicármelo con un símil, creo que es la mejor prueba de evaluación no estandarizada para demostrar su mejoría.

No dejeis de preguntar a vuestros pacientes. Nunca abanadoneis el hábito de sentir la visión de las cosas con ellos y poder empatizar para que el sentido de la terapia torne un giro adecuado y funcional.

Un paciente, un cerebro, una patología, una vivencia del proceso totalmente diferente.

No soy logopeda por haber estudiado una carrera tan solo, cada día mis pacientes me hacen ser logopeda y sentirme como tal.