Estereognosia oral

 

estereognosia oral

Podríamos definir la estereognosia oral como la  capacidad de reconocer e identificar con los órganos de la boca superficie, peso, tamaño, temperatura y consistencia.

Muchas veces no se tiene en cuenta esta capacidad a la hora de abordar tratamientos de mejora de la función deglutoria y me parece fundamental.

En el manual de Periodontología clínica e Implantología odontológica se dice que “aunque el tacto permite obtener información sobre los mecanorreceptores activados por detección simple o por discriminación de estímulos mecánicos, la estereognosia es un proceso más complejo. Es una función de receptores periféricos (de tacto y cinestésicos) y de procesos integradores centrales. El papel de los receptores  nerviosos periodontales y de la lengua parece ser esencial”.

En el libro de Disfunciones orofaciales en la infancia de Wolfgang Bigenzahn, se dice que “la función estereognósica se evalúa utilizando nueve discos de prueba de acrilato con formas diversas  (1 mm. de grosor y 12 mm. de diámetro) y que a partir de los 6 años el niño es capaz de reconocer todas las formas expuestas, excepto la estrella y la cruz”. En este manual se recalca la importancia de abordar esta capacidad en los tratamientos de terapia miofuncional”.

A partir de esta breve introducción teórica me gustaría compartir con todos una idea que expusimos en el II Curso Teórico-Práctico de Disfagia organizado en el Hospital Rey Juan Carlos. Se trata de la posibilidad de crear nuestras propias tareas de trabajo de estereognosia oral ofertando al paciente algo más de funcional. En este caso la funcionalidad nos la da el poder realizar las tareas con alimento. Esa mayor funcionalidad facilita a nuestro cerebro la integración de toda esa información que manejamos en las sesiones de tratamiento.

En la imagen de entrada tenéis un pequeño póster con las instrucciones de la tarea:

  1. Lo primero y fundamental es realizar una valoración adecuada de la mecánica deglutoria del paciente para saber que textura, consistencia y volumen de alimento es capaz de deglutir de manera segura.
  2. Saber qué objetivo perseguimos con nuestro paciente. Trabajar por trabajar, es tontería. Toda tarea debe pretender algún objetivo que nos permita alcanzar las metas que nos hemos propuesto con nuestros pacientes.
  3. Tener un conocimiento de la historía de gustos culinarios de la persona para saber qué sabores le pueden llegar a motivar y poder acercarnos más a experiencias sensoriales que vayan a activar su deglución fácilmente.

Una vez tenemos estas premisas comenzamos con la tarea:

  1. Es fácil conseguir moldes de silicona para cocina. Con estos moldes podemos crear diversas formas geométricas del gusto que queramos. Como consejo, estos moldes, una vez hechos, deberían guardarse en el frigorífico para poder conservar la forma de manera más segura.
  2. Esos moldes habrá que rellenarlos con alimento para que este adopte la forma deseada. En este punto es fundamental conocer la capacidad deglutoria de nuestro paciente. Yo recomiendo la técnica de gelificación, es decir la obtención de alimentos sólidos más o menos duros a partir de líquidos. Existen diversos productos en el mercado para poder llevar a cabo este fín. Habrá que use la técnica de congelación si su paciente no tiene especiales dificultades con los líquidos.
  3. Si elegís gelificar, el proceso exige previamente calentar el líquido con el producto gelificante y después dejar enfriar (lo suyo sería dejarlo enfriar en los moldes para poder obtener el molde con la forma que hemos realizado)

Podeis combinar sabores y llevar a cabo miles de ideas.

Durante mucho tiempo se ha dado especial importancia a la rehabilitación de una parte más motórica de la deglución. En esta ocasión os propongo un abordaje más sensorial que os permitirá obtener ganancias en la parte motora de igual modo.

Espero que disfrutéis con la idea y os ayude a crear nuevos tratamientos donde disfruteis pacientes y terapeutas.

Las palabras y la percepción de las cosas…

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Nuestro lenguaje envuelve nuestro cerebro y supone un filtro esencial para nuestra percepción. Dependiendo del idioma que hablemos, es fácil que la percepción que tenemos del mundo sea muy diferente. Las palabras y el uso que hacemos de ellas condiciona toda nuestra vida y viceversa. El lenguaje nos acompaña desde bien pequeños y etiqueta emociones, lo que vemos, lo que imaginamos.

A través del libro “Neurociencia para Julia”(os lo recomiendo) , de Xurxo Mariño, tuve conocimiento de un interesante estudio que llevó a cabo Lera Boroditsky (también os recomiendo que busquéis sobre ella). Esta investigadora en Neurociencias llevó a cabo un seguimiento de la tribu de los Pormpuraaw que vivían en un poblado del Norte de Australia (600 habitantes de los cuales 536 pertenecían a esta tribu). En resumen, se encontró con unas personas cuyo lenguaje daba  especial énfasis a la situación espacial de los objetos de las personas.  Por ejemplo, en vez de decir “tienes una hoja en la cabeza”, en esta tribu se podían escuchar mensajes como “tienes una hoja en el sur de cabeza” o similares. Esa manera de usar el lenguaje hacia que organizaran los objetos con una disposición similar (ordenaban los cubiertos en la mesa según los puntos cardinales). Ese grupo de personas daba una enorme importancia a los conceptos espaciales dentro de su vida y venía derivado de ese lenguaje tan rico en ese aspecto.

Interesándome más por el tema tuve acceso a más estudios relacionados. Determinados idiomas dan más énfasis en su lenguaje a aspectos que condicionan la percepción de sus hablantes (el ruso tiene diferentes palabras para definir lo que nosotros denominaríamos como azul, eso hace que perciban diferentes tonalidades de ese color que tal vez nosotros no podamos ser capaz de diferenciar).

Está comprobado que introducir un nuevo idioma a una persona puede hace que se modifique su forma de pensar. En una ocasión se escogió a un grupo de angloparlantes y se les adiestró en utilizar diferentes formas para hablar de tiempo inspiradas en formas similares y propias del griego y del mandarín. Acabado el adiestramiento comenzaron a obtener resultados similares en pruebas cognitivas similares a los de los griegos y los chinos.

¿Puede nuestro lenguaje hacer que veamos el mundo de un modo u otro? ¿Conviene favorecer una riqueza linguística para mejorar nuestra visión del mundo?

Ahora. ¿Tenemos en cuenta este tipo de aspectos cuando planificamos la rehabilitación de una persona que ha sufrido una afasia?. Considero que sería interesante saber hasta que punto se verá influenciada la percepción del mundo de una persona que ha perdido el acceso a sus palabras. Esas palabras que siempre han servido como guía en las diferentes situaciones que nos da la vida ahora han desaparecido. Tenemos palabras para una amplia gama de colores, movimientos, el tiempo,…y, de pronto, desaparecen. muchas de la funciones corporales se verán afectadas y ello será de relevante importancia para el tratamiento transdisciplinar que debería recibir esa persona.

En el tratamiento de mi paciente afásico tengo en cuenta que, a partir de ese momento, comenzará a ver el mundo de una manera diferente. Lo organizará también de manera diferente. La forma de enfrentarse a sus actividades de la vida diaria también cambiarán.

Con la terapia de lenguaje se pueden conseguir grandes cosas, os lo aseguro. Con la terapia de lenguaje no solo se consigue lenguaje, se logra alcanzar funcionalidad.

Existen tantos tipos de afasias como personas que la padecen. Existirán tantos cambios en la percepción como personas que la padecen. Lo que es seguro, es que en su totalidad habrán cambios en su vida y su funcionalidad y habrá que buscar la manera de obtener ayudas que hagan emerger algo de lenguaje que faciliten alcanzar esa funcionalidad de nuevo. La terapia de lenguaje es una vía efectiva para ello, enfocada a las tareas reales que realiza el paciente en su día a día para intentar devolverle, en la medida de lo posible, su percepción de la realidad.

Pon un logopeda en el comedor (2)

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Según el Consejo General de Colegios de  Logopedas, la definición de Logopedia es “una profesión sanitaria regulada y reconocida que se ocupa de la prevención, detección, evaluación, diagnóstico y tratamiento de todas las alteraciones de la comunicación y de las funciones orales no verbales, tanto en la población infantil como en la edad adulta, lo que implica el tratamiento de las alteraciones de las funciones orales no verbales: deglución atípica, disfagia y alteraciones tubáricas“. Ello indica que la sociedad cuenta con los conocimientos de un profesional para poder realizar un análisis de la mecánica deglutoria de una persona y poder promover consejos que permitan una nutrición eficaz y segura.

¿Dónde sería necesario contar con la figura del logopeda?. Necesario no, obligatorio. Centros de Rehabilitación, Centros de Día, Centros Geriátricos o todos aquellos lugares donde tengan que alimentarse personas que sufran algún trastorno de la deglución. Personas que, debido a su dificultad, pueden poner en riesgo su vida al llevar a cabo su nutrición y/o hidratación. Centros donde se manejan personas. Me parece de gran importancia este hecho.

El logopeda posee las herramientas para valorar a los usuarios del Centro en cuestión y poder dictaminar que alimentos son seguros para realizar sus ingestas. El logopeda está formado para valorar la capacidad de una persona ingerir líquidos y/o sólidos.

El logopeda puede  colaborar en el protocolo del comedor para poder diseñar dietas adaptadas que permitan a todos los asuarios nutrirse de una manera adecuada y digna. El logopeda analiza cada alimento según su implicación en la mecánica deglutoria y puede clasificarlos para ofrecer diferentes tipos de dietas adaptables a la heterogeneidad de un comedor. El logopeda puede transmitir lo que sabe directamente a las cocinas de un Centro para beneficiar el trabajo de éstos.

El logopeda puede realizar un control del comedor para llevar a cabo un control de la mecánica deglutoria de los usuarios y poder realizar los cambios pertinentes en las dietas.

El logopeda puede formar e informar a todos el personal del Centro en cuestión acerca del mecanismos normal de deglución, los signos de disfagia habituales y los riesgos de tomar alimentos desaconsejados para este tipo de casos, así como la manera de actuar en caso de atragantamiento.

El logopeda puede buscar soluciones para facilitar la nutrición y/o hidratación en caso de disfagia.

Debería ser obligatorio que todos los Centros con usuarios con dificultades en mecánica deglutoria tuvieran en su plantilla un logopeda. Repito OBLIGATORIO.

Como ciudadanos tenemos derecho a tener un sistema de salud completo y eso pasa por contar con logopedas en este tipo de centros para contar con una calidad asistencial digna. lucha por una calidad en nuestro sistema de salud.

Reivindica tu derecho a que tu o tu familiar sea valorado correctamente en todas sus funciones.

Pon un logopeda en el comedor….

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Me permito en esta entrada utilizar un título que se asemeja al blog creado por Almudena  Valle (Pon un logopeda en tu vida), logopeda creativa, de ideas propias, enorme formación y conocimientos ilimitados. Compañera, es por una buena causa.

Tras tener conocimiento, a través de un periódico, de los acontecimientos ocurridos en una residencia geriátrica de las Islas Baleares, vuelvo a reivindicar con contundencia la necesidad de la presencia de un profesional formado en trastornos de la deglución en este tipo de centros. Ese profesional, señoras y señores, es el Logopeda.

En este enlace podrán leer la noticia:

http://www.elmundo.es/baleares/2016/05/01/5725eb6ee5fdeae1568b45b1.html

En resumen, les comentaré que una usuaria de un centro geriátrico murió a consecuencia de un atragantamiento.  Al parecer tenía prescrita una dieta blanda y el personal del centro le sirvió un alimento no apto (ensalada, en este caso). Imaginen las consecuencias fatales.

Mi papel no es juzgar si el culpable fue el auxiliar de enfermería que le asistía o la dirección del Centro en cuestión porque para eso faltan datos que la noticia no nos ofrece (como siempre). Este hecho es inaceptable y todos los profesionales “del ramo” sabemos que es necesario un mayor control por parte de los Centros Geriátricos.

Desde luego si que es mi papel reivindicar la presencia del logopeda en Centros Geriátricos (a parte de hospitales y lugares similares, guerra que ya llevamos batallando desde hace tiempo). El logopeda es el profesional que se encarga de realizar un análisis de la mecánica deglutoria de una persona para poder dictaminar qué tipo de alimentos puede tomar una persona para llevar a cabo una nutrición e hidratación eficaz y segura (siempre de manera coordinada con el personal médico y de enfermería, sin duda, que para eso somos transdisciplinares). El logopeda puede ofrecer una enorme ayuda en el control de los comedores de este tipo de centros facilitando la nutrición de los residentes sin tener que poner en peligro su vida. El logopeda es capaz de detectar signos de disfagias que permitan tomar las medidas oportunas para evitar episodios de atragantamientos o broncoaspiraciones (que es otro tema a tratar largo y tendido).

Durante varios años he podido llevar a cabo la función de formar parte de un equipo completo de profesionales que han prestado sus conocimientos para controlar un comedor de personas que tenían dificultades en la deglución. En ningún momento hemos tenido episodios de atragantamientos. Como logopeda (tomando decisiones de forma conjunta con terapia ocupacional y enfermería) iba haciendo un control del tipos de alimento que debía tomar cada persona según su mecánica deglutoria y cómo realizar su adaptación así como realizar formación de manera adecuada al personal que se encargaba de la asistencia en ese comedor.

Dirán. Qué despliegue de medios. Qué derroche. Para nada. Se trata de ofrecer Salud a la gente, ese término desconocido que muchos centros olvidan limitando profesionales y poniendo en peligro a sus residentes.

Luchemos para que los logopedas tengan su sitio en los centros geriátricos. Luchemos por un sistema sanitario de calidad.

Logopedas en Centros Geriátricos como norma general.